miércoles, mayo 14, 2003

LO QUE VOY A EXTRAÑAR DEL TEC

No lo puedo creer, que rápido pasaron 5 años, aún recuerdo el día en que llegue al TEC, yo venía de una ciudad diferente, donde los 12 años de escuela los había pasado con los mismos compañeros, que ya nos veíamos como parte de la familia, y ese día me sentía extraña, en una ciudad diferente, con gente totalmente desconocida, en una escuela con muchos edificios y gente corriendo porque llegaban tarde a sus clases. Recuerdo que trate de hacer amigos y un “hola” bastó para que Magda (la que luego sería mi manis) empezara a hablar y hablar y hablar hasta que el profe llegó.
Pero ahora voy a dejar de ser una estudiante y voy a ser una profesionista, ahora si podré usar el título de Ing. Ariadna López. Dan nervios no crean, la vida cambia en muchos aspectos y hay tantas cosas de esa vida de estudiante en el TEC que voy a extrañar…
Voy a extrañar…
Esas escapadas que en veces nos dábamos a la cafetería del tec para jugar dominó, Magda ponía música desde su lap y así pasábamos nuestras horas libres. También las tradicionales gorditas y molletes cuando daba hambre a media mañana, ahh y su riquísimo pastel de chocolate (lo bueno es que nunca he necesitado estar a dieta).
Las reuniones afuera de la café, donde celebramos cumpleaños, hacíamos tareas, nos quejábamos de todo y de todos y platicábamos lo que todo grupo de amigos platica. Nos tocaron 3 remodelaciones a esa cafetería.
Los monólogos de Luis Martínez que hablaban de todo, menos de matemáticas.
A Ramiro que llegaba con los exámenes amarrados con un cordón y arrastrándolos por el piso, porque decía que estaban muy perros y en realidad lo estaban, me hizo batallar un poco.
A Fawaz que en los exámenes subía la silla al escritorio y de ahí nos cuidaba... Las veces que la clase era en el segundo piso y se salía por la ventana al balconcito y se ponía a fumar su puro y a gritarles cosas a los que pasaban... También la puntería que tenía para darle con el borrador a los que estaban platicando en su clase.
A Vallejo que se sabía los nombres de tooodos los que alguna vez llevamos clase con él.
A Luévanos que nos hacía sufrir en los exámenes, pero dando clase era un excelente maestro.
A Hayakawa que le daba clase al pizarrón (casi no nos volteaba a ver, quien sabe porque) y que de repente como que se le olvidaba que estaba diciendo y terminaba por dejarnos salir temprano... Cuando nos decía que las dudas nos las resolvían en la biblioteca, que le preguntáramos a Taha (o el que fuera el autor del libro, eso dependía de la clase).
Al Ing. Sánchez que nos daba break cada clase por su cuenta (no creo que tuviera algo que ver que fuera el Director de Administrativo, ahora se a donde van a parar las colegiaturas.)
A Cardona que nos hacía sufrir con sus exámenes que eran un reto, pero a fin de cuentas salía bien
En fin a muchos buenos maestros, a los malos no los recuerdo, creo que esos no valen la pena y no se ganaron un lugar en la conciencia de los alumnos, por lo que no van a ser extrañados.
Aunque no me lo crean voy a extrañar las clases virtuales, y más esos trabajos con equipos en otros campus.
A mis compañeros, las reuniones de la generación por casi cualquier cosa, que si se acaba el semestre, que si alguien se va, que si alguien llega, ese famoso “tubo” en la casa de Iasone.
Las estrategias de acomodo en los exámenes, los nervios de recibir una calificación.
Las escapadas a Monterrey a los Congresos de Ingeniería Industrial, la gente que conocimos en esos Congresos, al Angel (de Navojoa) y a Christian (de Cd. Juárez) que después de un año de no vernos, pero de seguir en contacto, aún nos recordaban a Fanny y a mi.
A los grandes amigos que hice en esta ciudad: Fanny, Monik, Chuy, Daniel S., Mayra, Karina, Ana, Magda, Goyo, Manuel, Jaik, Mishel, Andrés, Mauricio y muchos otros, a los que les agradezco que me brindaran su amistad y me hicieran sentir como en casa.
La lista podría ser largísima, pero creo que de todo eso es lo que más voy a extrañar… pero que siempre quedará grabado en mi corazón y aunque los tiempos pasen, las cosas cambien, aunque viva en otra ciudad o en incluso en otro país, siempre que lo recuerde, se que se formará una sonrisa en mis labios y me hará sentir que todo ese esfuerzo en realidad valió la pena.

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