jueves, enero 20, 2005

Es sorprendente darse cuenta que hay momentos en los que la mente se deja envolver por tantas cosas pendientes, voces externas, que no escucha los llamados internos, que poco a poco van bajando su tono, muriendo a cada segundo porque no consiguen retener tu atención. Mientras uno se llena de nombres, de imágenes a las que no les encuentra sentido, que emiten un leve zumbido que arrulla, pero que no invita a soñar.
De igual forma se escapan los días y los meses, esperando una reacción al saber el sitio en el que uno se encuentra, con la esperanza de vernos despertar y retomar esas cosas sencillas que dicta el corazón.

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