Libre para escribir y vaciar todo aquello que se encuentra dando de golpes en la mente, chocando con las peredes, que pretenden ver la luz, descargarse y no morir.
Ya tenía ratísimo que no escribía por acá y la verdad es porque no me había dado el tiempo, siempre corriendo y con un montón de pendientes en la cabeza. Pero esta noche me dieron muchas ganas de escribir para decirte todo lo que mueves en mí cuando te veo, cuando te escucho, cuando me cuentas tus historias y tu risa llena todo mi ser.
Las cosas se van relajando, sigue siendo exagerado el trabajo que se tiene en la oficina. Ahora tengo 3 días de descanso y no hay viaje programado por otras razones. No me gusta ver películas sola, así que busco algo que me entretenga entre cierta selección de música y me encontrado con una en específico que llego a mis manos pensando en ti. Y la pongo una y otra y otra vez y lo que dice es tan cierto.
El ver que caes en los brazos de Morfeo, imaginar todos los sueños que teje tu mente y como todo queda fuera, pues tú duermes y una paz indescriptible te envuelve. No puedo dejar de mirarte, grabar en mi mente cada uno de tus rasgos para repetirlos cuando yo cierre mis ojos. Y me siento tan feliz de que estés en mi vida, que en ocasiones no encuentro las palabras.
Tengo la esperanza de que descubras el mensaje en cada caricia, que sepas cuanto te quiero y todo lo que estoy dispuesta a hacer por ti. Cuando el sueño te vence recapitulo todo lo vivido contigo y me encanta el eco de tu risa que se quedó suspendido en el aire, es algo mágico verme reflejada en tus ojos y cuando tu “te quiero” rompe el silencio.
La música sigue sonando… y es la misma canción, tú duermes y como se canta estoy segura que tú “aún sueñas con princesas”. Puede que aún no sepas leer, pero ya te diré todo esto mirándote a los ojos con un fuerte abrazo y miles de besos. Todo eso y mucho más para mi ratón.
Mi vida, no hay derecho a salir con miedo a la calle. La ciudad se desangra y parece que no había nadie cuando partieron un alma contra la acera, cuando surcaron el aire gaviotas muertas.
Tratan de convencernos de que aquí no pasa nada. Mientras la ciudad muere, hay quién ya clama venganza. Se empeñaron en matarnos la ideología y, no contentos, ahora mandan sus perros de cacería.
Mi vida, no hay derecho a salir con miedo a la calle. Dentro de poco toque de queda y refugios que arden. Respondamos antes de que se haga tarde, o quizás un día despiertes y no haya nadie.
A quien mirar a los ojos para contarle que no hay derecho a salir, mi vida, que no hay derecho a salir con miedo a la calle.
La gente tiene miedo y ha decidido hacer su propio toque de queda, las tiendas las cierran como domingo entre semana, especialmente las del centro de la ciudad. La gente anda de prisa, solo a lo que tiene que hacer. Se acabaron esos paseos por el centro, sentarse en la plaza de armas a tomarse un agua celiz, recorrer la Hidalgo hasta la alianza, por el simple hecho de pasear.
Las puertas de las casas están cerradas como nunca, la gente prefiere el calor ahogante dentro de la casa que ser víctima de un fuego cruzado que no pidieron. No hay nadie detrás de la puerta, con el sol se van las esperanzas, la confianza de abrir a la puerta si alguien llama. Se ha pasado de estar conviviendo al aire libre a resguardarse en la última habitación, debajo de la cama, dentro del closet, aplicando la supervivencia con el pecho a tierra. Esos crujidos que se escuchan, son de la tormenta que se desata allá afuera, y que más dieran porque la tormenta acarreara agua, aunque se les inunden las casas, es mejor que una lluvia de plomo y pólvora que deja fluidos rojos regados en las aceras.
El día termina antes, la paranoia se ha apoderado de todos, las mentes se deshacen de a poco y pierden la cordura. Caminar solas, ni pensarlo. Las paradas escaladas entre el punto de partida y el punto destino se han reducido a cero, nadie levanta la mirada, no por pretender que nada sucede, sino para protegerse de ser confundidos o malinterpretados. Se suspenden eventos, los operativos son insuficientes, la cadena de comunicación en la persona menos pensada les da el aviso de quien se acerca y contraatacan. Y con el primer rugido la vida se apaga, por una o dos horas, más el tiempo de espera para asegurarse que todo pasó.
Las sirenas se han quedado mudas por largo rato, cuando rompen el silencio, sus cantos son más bien gemidos lastimeros presurosos para intentar rescatar el último soplo de vida de aquellos que se encontraban en el lugar equivocado a la hora equivocada. Gente inocente, niños, señoras, señores… y lo que más puede son los niños. Y el canto de las sirenas en vez de calmar se suma al llanto colectivo, recuperando en vez de prever.
Es de noche y desde esa parte de la ciudad nadie la mira, las casas se pierden entre los cerros y cuando pareciera que todo se ha calmado, cuando el sueño los ha vencido el movimiento empieza de nuevo y a la mañana siguiente hay unos cuantos menos y muchas lágrimas de más. Gente perdida, confundida, que fue sacada de su casa, que nunca regresó a ella. Y la vida tiene que continuar, todo está tan difícil que no se pueden quedar resguardados y tampoco tienen posibilidades de cambiar de hogar.
Bendiciones antes de salir del hogar, sabiendo que es probable no regresen jamás, ya sea por víctimas o por consecuencias de sus actos, muchas de las veces guiados por la desesperación del olvido por parte de los que acaparan el poder.
Años va para tres, y la mancha roja crece cada vez más. Y en bocas de muchos, de tantos, de todos los que se resguardaban entre los cerros, sin saber que sería el núcleo de una maraña impenetrable se repiten entre sí, una y otra vez.
“Mi vida, no hay derecho a salir con miedo a la calle.”
Que tan imprudente se puede ser cuando una idea aslta la mente y es recurrente y da vueltas y vueltas, los dedos pican, y algo dentro te retiene pero otra voz te dice que lo hagas. No se si sea costumbre, necesidad, ganas o algo que vaya más allá, pero la mente no se está tranquila.
Las actividades se han disminuido y doy vuelta a la agenda una y otra vez y tengo una puntería tal que el número que decido ya no existe, quizá marqué mal, quizá no vi bien los números, un intento, otro más y el mismo resultado negativo. Mi distractor no funcionó, se borra el número de la agenda con gran dolor. Y aun sigo con esas ganas de tomar el teléfono y hacer una llamada, tan sencilla, tan simple, pero temo que sea inoportuna o que se malentienda y los esfuerzos externos se vengan abajo por una ansiedad de mi parte de hablar con alguien que se que me entiende, que sabe que no debe haber una razón en específico, sino que en veces simplemente no se puede evitar.
Y busco salidas alternas pero no responden, dan esperanza de sacar… no se… no se que es lo que quiero sacar, lo que se me atora en la garganta, lo que hace ese nudo en la boca del estómago… será que vuelvo a ser tan estúpida de nuevo que me creo imágenes mentales de algo que no puede ser, de algo que no es para mi.
Seguiré con mis dudas, con mi angustia… con mi…. No se que… no se que es lo que me pasa… creo que mejor me voy a mojar del milagro de la lluvia para no llorar en soledad…
Que hacer cuando uno no encuentra las palabras que decir, cuando solo puedes ver la vulnerabilidad, los ojos vidriosos y escuchar una voz entrecortada con un gran dolor. Por mucho que trate de ponerme en su sitio y saber que es lo que siente, no puedo y tampoco me gustaría estar en su lugar.
El me lo dijo “No, no sabes lo que se siente… es muy feo y duele” y un nudo se hizo en mi garganta y ya no supe que decir. Realmente no tengo idea de la magnitud de sus sentir, creo que yo tampoco estaría preparada para algo así.
Qué puedo hacer si veo la tristeza en su semblante, esperando que esa llamada en el teléfono no sea para darle la mala noticia definitiva. Si sus risas ya no se escuchan en los pasillos, si levanto la mirada y lo encuentro con la suya perdida, hablando con su hermano, queriendo correr.
Como quisiera que esas cosas no llegaran, uno sabe que en cualquier momento pueden pasar, pero nadie nos prepara para ello, uno vive con la esperanza de no ver a nadie partir, mucho menos a alguien tan cercano a ti. Pero la vida es un ciclo y en algún momento tiene que terminar.
No se que decir, no se que hacer, pero estoy segura que él sabe que estoy con él, que si requiere tiempo puede confiarme los pendientes a mi. Esperemos que por esta temporada nada malo pase y que lo que pase sea para bien.
De todo corazón, doy una oración por la salud de la mamá de mi jefe.
Shhh no hay ruido... solo se escuchan las respiraciones y los murmullos entre sueños, ya todos duermen y nadie percibe que mis ojos aún no se pueden cerrar. Un hasta mañana, las luces apagadas, los grillos tomaron vacaciones y juraría que escucho los latidos de mi corazón.
Las voces internas han aprovechado para comenzar a hablar, todas al mismo tiempo que no les entiendo, les pido que guarden silencio, las pueden escuchar y conocer lo que hay en mi interior. Pero no se estan quietas y empiezan a convencer a los dedos que sean sus voceros en silencio, que plasmen todo lo que dicen, pero como hablan todas al mismo tiempo, los dedos han decidido hacer lo que ellos quieren, se pusieron en huelga, pero es tanta la insitencia que a fin de que los dejen ir a dormir y que el silencio se adueñe del lugar para ver si puedo conciliar el sueño, han comenzado a escribir. Algunas palabras sin sentido, pedacitos de canciones, frases en otros idiomas, bla bla bla, güiri güiri... aha , si, no, achis nel...
Se han vuelto locas... escriben tan aprisa que creo que no tienen la más remota idea de lo que están poniendo, quizá el exceso de cafeina las ha alterado, pero el teclado genera un ruidito y lo que requeiro es silencio. Pero al parecer las voces se van descargando, se han ido quedando sin fuerzas o de plano el cerebro las ha bloqueado...
Unos minutos de paz, creo que aprovecharé para dormir, porque hay cosas que no esperan y muy a mi pesar en un rato más tendré que estar arriba y completamente conciente... jajajaja como si se pudiera, pero ok... aprovecho el silencio para intentar dormir... en un rato más comenzaré un nuevo dia.