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domingo, noviembre 15, 2009

Duermes...

Ya tenía ratísimo que no escribía por acá y la verdad es porque no me había dado el tiempo, siempre corriendo y con un montón de pendientes en la cabeza. Pero esta noche me dieron muchas ganas de escribir para decirte todo lo que mueves en mí cuando te veo, cuando te escucho, cuando me cuentas tus historias y tu risa llena todo mi ser.

Las cosas se van relajando, sigue siendo exagerado el trabajo que se tiene en la oficina. Ahora tengo 3 días de descanso y no hay viaje programado por otras razones. No me gusta ver películas sola, así que busco algo que me entretenga entre cierta selección de música y me encontrado con una en específico que llego a mis manos pensando en ti. Y la pongo una y otra y otra vez y lo que dice es tan cierto.

El ver que caes en los brazos de Morfeo, imaginar todos los sueños que teje tu mente y como todo queda fuera, pues tú duermes y una paz indescriptible te envuelve. No puedo dejar de mirarte, grabar en mi mente cada uno de tus rasgos para repetirlos cuando yo cierre mis ojos. Y me siento tan feliz de que estés en mi vida, que en ocasiones no encuentro las palabras.

Tengo la esperanza de que descubras el mensaje en cada caricia, que sepas cuanto te quiero y todo lo que estoy dispuesta a hacer por ti. Cuando el sueño te vence recapitulo todo lo vivido contigo y me encanta el eco de tu risa que se quedó suspendido en el aire, es algo mágico verme reflejada en tus ojos y cuando tu “te quiero” rompe el silencio.

La música sigue sonando… y es la misma canción, tú duermes y como se canta estoy segura que tú “aún sueñas con princesas”. Puede que aún no sepas leer, pero ya te diré todo esto mirándote a los ojos con un fuerte abrazo y miles de besos. Todo eso y mucho más para mi ratón.

miércoles, agosto 12, 2009

Memorias...










Una noche clara después de una tormenta, vamos llegando... mojados... recargados de risa, palabras, gritos... todo lo que se pudiera querer de fuera de esa recamara ya está satisfecho... Maui se salió a mirar la luna y estamos solos los dos, con tu selección de música tenue, solo para que el frío de la ciudad no se cuele bajo la puerta.

Te quitas tu camisa empapada, yo jugueteo con tu cabello pretendiendo secarlo...te acercas despacio y me abrazas por la espalda, haces el cabello a un lado y besas mi cuello, despacito, como si quisieras hacer el momento eterno, mi piel se eriza y no se bien si es por lo húmedo de la ropa o por todo lo que ese acercamiento mueve en mi.

Con un ágil movimiento desabrochas el pantalón y cae víctima de la gravedad, yo doy la vuelta y nos encontramos así, frente a frente, puedo mirarme en tus ojos, con mis manos delineo tu cara, siento tu piel, me aseguro que no es alguno de mis sueños.

Despacio me despojas de la blusa, no hay prisa, ya no se siente frío pero aún así comienzo a temblar. Tu adviertes mis sensaciones y con las manos recorres la espalda, la cintura, las caderas. Quedarán recuerdos de los besos en el cuello, mejillas, ojos, frente. Hay un ataque de nervios, pero algo en mi sabe que será especial. Los nervios se desvanecen cada vez que besas el cuello, pues descubres que justo ahí es donde la resistencia se esfuma...

Mis manos recorren tu espalda, tus brazos, apoyo mi cabeza en tu pecho para escuchar como se aceleran los latidos de tu corazón. Al fin me animo, me acerco a tu oído pretendiendo decirte algo y beso tu oreja y hago un camino que te recorre desde ahí... entreteníéndome en tu cuello, pasando por tu pecho, tu estómago...las últimas prendas caen, no importa en que momento mi contemplación y reconocimiento es mayor...

Nos fundimos en un abrazo, cada poro pretende guardar en su memoria el roce con tu piel, el calor que despides, cada movimiento, cada caricia... y el tiempo se detiene, queda suspendido en la memoria, en esos recuerdos que te hacen volver a sentir, los que viene n y revuelven todo dentro... cuando pienso en ti

miércoles, julio 29, 2009

Al menos por hoy...


De un tiempo a esta parte, te has instalado en mi mente y se me van los minutos en traer a la memoria cada uno de tus detalles, tus movimientos, el calor de tu estadía, el tono de tu voz, la cadencia de tu respiración. Te has convertido en mi sueño recurrente, apareciendo sin falta y sin avisar en ellos. Lo has hecho ayer, el día anterior y el anterior a ese y tantos otros que ya he perdido la cuenta. Estoy segura que esta noche también podre verte rondar por mis sueños, sonreírme de esa forma tan característica, caminaré a tu lado bajo la lluvia, tomándote del brazo por si pretendes huir y sentir que el tiempo se ha detenido.

Disfrutaremos de esas charlas café tras café, las risas, los silencios, los abrazos. A cada instante diferente, pero siendo el mismo, un sueño que pueda comprarme como real. Soñar que es a ti y no a mi almohada a quien abrazo, que el calor no es solo la falta de brisa de este verano, que toda esa tranquilidad y confort me lo brindas tu, al menos en mis sueños es así.

Desconectaré los despertadores, cubriré las ventanas con gruesas cortinas que no permitan que el Sol me despierte de mi letargo, sellaré la habitación para no escuchar sonido alguno. Haré esta noche tan larga para que tu sensación no se esfume cuando la mente pretenda situarse en la realidad y se dé cuenta que lo único que tengo de ti son estos anhelos oníricos.

Mantener en mí las sensaciones vivas lo más que se pueda, antes que, por un tirón de la vida, concluya en que esto que tengo tan solo son: Sueños, ilusiones y presentes lejanías.

lunes, junio 15, 2009

Nightmare...


Qué extraño que después de todo este tiempo aparezcas de repente en mis sueños, o en mis pesadillas. No sé si fue el subconsciente o la onda expansiva de algún recuerdo, pero anoche lograste meterte en mis sueños.

Con un tono reclamante por haberte olvidado, por no pensar más en ti, por no comunicarme contigo, por no preguntarle a nadie por ti. Y es cierto, te he sacado de mi mente, al menos de los recuerdos frescos recurrentes.

Ya te he perdonado y mi vida empieza a cambiar. No eres el único sobre la tierra ni lo mejor para mí. Creo que más de 2 opiniones con mucha veracidad para mí, no pueden estar equivocadas cuando me dicen que “No eres para mí, merezco algo mejor”. Así que cada quien que siga su camino, con los aciertos y tropiezos que resulten de nuestras decisiones.

A mi déjame con mi libertad y esa sonrisa que se ha posado en mis labios desde que asimilé el hecho de tu partir y comprendí que en este vasto mucho hay mucha gente que vale la pena, que vale mucho más que tu.

Así que por mucho que irrumpas mis sueños… no podrás lograr que vuelva mi atención hacia ti.

Eres pasado, allá te quedas, ahí estás bien y así es como me haces feliz.

viernes, junio 05, 2009

Cometas



Las palabras eran como los cometas. A veces las amaba pero ellas partían por el cielo y
no lograba sujetarlas. Muchas veces las palabras se soltaron de sus manos y vagaron por el azul, inasibles. Se iban, se iban…
::..Marcela Serrano..::


Con un cordel que se creía infinito se fueron atando una a una y podrían ser 5; 20; 75,903… tan ligeras y tan ágiles que la más mínima falta de fuerza las lanzaba lejos a volar por cielos extraños, sorteando tormentas, aves y esquivando una que otra piedra que les lanzaban para hacerlas caer. Eran palabras llenas de sueños, de esos que se acumulan en la bolsa bajo los ojos cuando no se logra dormir, sueños de ojos abiertos, mente intranquila. Palabras de ilusiones y presentes lejanías, que se sentían a un recuerdo de distancia, viajando a la velocidad del pensamiento, describiendo con detalle las memorias que cada poro podía revivir los instantes.

Llegando el punto en que las palabras llegaron a sentirse con alas y creer que ellas decidían el rumbo, sin darse cuenta que tras ellas el viento les trazaba el camino. Era una sensación de libertad, mirar todo desde arriba y continuar. Y en su mano ya se había terminado el cordel y por más que se estirara ya no lo podía alcanzar, repasando en segundos cada una de ellas para guardar su estela y conservar los bocetos de ojos, manos y de tanto intangible que solo ellas lograban describir.

La mirada, fija en el cielo, sin un solo parpadeo, luchando entre el “las quiero de vuelta” y el “fue lo mejor”, cruzando los dedos para que no las encuentren, deseando que lleguen a un lugar mejor, que en el camino no se topen con nubes de tormenta que las precipiten al suelo, enterrándose en el fango, perdiendo libertad. Se han perdido ya en el horizonte, los ojos arden de tanto mirar y una a una las lágrimas entre que lubrican, quieren sanar, naciendo nuevas palabras que se guardan esperando un cordel.

miércoles, junio 25, 2008

ELLA Y EL



Ella tenía su vida "normal", levantarse, lavarse, cambiarse, terminar de despertar con un café, tomar la mochila y partir, sin una fotografía de la cual despedirse o a cual besar deseandole los buenos días. Sale de casa camina dos cuadras y toma el autobus, no hubo necesidad de esperar, nunca la ha habido, por alguna razón siempre están coordinados, sube y se sienta en los primeros asientos aunque le digan que parece abuelita, a ella no le importa, el café no hizo bien su trabajo y el apresurado paso de la ciudad la arrulla. El día transcurre normal en la vida de ella, los amigos, sus actividades, la banca para leer, el pasto para tenderse y mirar al cielo. Anhelar ser una nube y viajar ligera con el viento, conociendo ciudades, pueblos, llanuras, besar montañas y parecer distinta para los ojos de los pocos que aún se toman un tiempo para mirar al cielo. Ella perdida en su infinita levedad se desconectó como tantas veces, pero la sensación de perder el beso del sol en sus mejillas la despertó de su letargo, abrió los ojos y ahi estaba él, con su sonrisa serena, su silueta delgada y sus ojos café, no dijo palabra alguna, tan solo la miraba. Ella intentó incorporarse pero su cuerpo no le respondía, intentó decir "hola" pero ningún sonido salió de su garganta. Ella se lleno de su imagen, de los cabellos negros que cubrian su frente, de la profundidad de su mirada, se miraban fijamente, él parado a su derecha, ella tendida en el pasto, con un silencio de por medio y el tiempo que se negaba a avanzar. Y tal como había llegado, en un parpadeo de ella, sin decir una palabra él simplemente se fue.