Es de noche, todo está tranquilo, la noche es clara 11:11pm y aún es temprano, aún hay un tiempo de compensación, quedan 169 minutos de esperanza, la cuenta regresiva, el anhelo que sea interrumpida antes de llegar al cero, el punto sin retorno.Pasan los minutos, 128 restantes y nada... ella ya no sabe como entretenerse, entra en una pieza, enciende el televisor, cambia constantemente de canal, haciendo como que ve, pero en su mente una sola cosa... él.
El teléfono está a su lado, se levanta y lo lleva a su lugar argumentándose que se debe cargar, una agitadita y nada... muerto. Ya han caido 73 minutos y en su paso la miran y se van y el silencio se apodera del espacio. Un poco más alto el volúmen del televisor. No hay nada bueno. No tienen el mismo significado las notas en el reproductor. Y todo se vuelve penumbra y silencio.
Aún quedan 58 minutos en fila, ella aún guarda la esperanza que llegará, que llamará, que con el pensamiento la invoque y le esboza una sonrisa.
El televisor ya ha sido relegado, una voz grave en su canción se convence que pensar en esa persona es un error, cambia de voz, 23 minutos restantes, cambia de ritmo y el corazón se calma.
La fila de minutos se ha terminado por hoy, el cero ha llegado, y por más que se asome, nadie viene detrás, el silencio sigue, ni siquiera el grillo desafinado ha roto el silencio y despertado a su mente de su letargo. Por hoy, no hay indicios de él, ella decide sucumbir ante los brazos de Morfeo, con la esperanza latente de que mañana otro día será.
